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Juan José Medina Lamela: un pilar Quebradillano

  • cronicaeltesoro
  • Nov 20, 2025
  • 5 min read

Juan José Medina Lamela
Juan José Medina Lamela

En un nuevo episodio del segmento Las Voces de Quebradillas del podcast Nicwest Podcast, Juan José Medina Lamela abre la puerta a una vida tan vasta como el mar que bordea su pueblo. A sus 69 años, nacido en Arecibo pero criado enteramente en Quebradillas, se reconoce como un hijo genuino de estas tierras. “Tuve una niñez bien alegre”, recuerda, una infancia marcada por el trabajo, la disciplina y, sobre todo, el ejemplo de su padre.


Desde los ocho años guiaba por las mañanas para llevar leche al puesto al lado del Teatro Liberty, mientras su papá —veterano de la Segunda Guerra Mundial— enfrentaba complicaciones de salud. “Trabajaba de cuatro a siete de la mañana y de ahí me iba a estudiar.” Su vida escolar comenzó temprano, con apenas cinco años y medio, en el Colegio San Antonio en Isabela, hasta que el colegio católico abrió sus puertas en Quebradillas.



Gerardo Medina (Padre de Juan José)
Gerardo Medina (Padre de Juan José)

Juan José creció entre siete hermanos, tres de ellos de apellido Palomba —hijos del primer matrimonio de su madre con un artista italiano especializado en fotografía— y luego los cuatro Medina Lamela. Su casa era un crisol artístico, disciplinado y lleno de historias. Desde pequeño, su padre le inculcó el valor más importante de todos: la integridad. “Hacer lo correcto aunque nadie esté mirando.”


Una Vocación por Crear


En la escuela superior descubrió intereses que marcarían su vida: la astronomía, la fotografía y la escenografía. Más tarde, en la Universidad de Puerto Rico, llegó con la intención de estudiar arquitectura, pero terminó graduándose en matemáticas y estadística.


Pese a su formación académica, no dudó en meterse de lleno en la construcción cuando vio la necesidad de tener su propia casa. “Aprendí construcción completa en un año”, cuenta con orgullo.


Su entrada al teatro, sin embargo, vino por la familia. Su suegro y cuñados eran maestros y amantes de las artes escénicas, y él ya trabajaba en iluminación y montaje. Ese mundo lo atrapó: escenografías, pantomimas, dirección, luces. Trabajó casi diez años con la Productora Nacional de Teatro de Puerto Rico, recorriendo teatros en toda la isla en una época en que muchos ni siquiera tenían equipo de iluminación.


También laboró como proyeccionista en el Cine San José y vivió la época dorada del cine mexicano, las tardes de películas a cinco centavos y el bullicio cultural que llenaba la plaza.


Un Servidor de Puerto Rico y del Mundo


Aunque entró a la Guardia Nacional “por accidente”, allí encontró una carrera de 35 años como controlador de tráfico aéreo militar. Su servicio lo llevó a Suramérica por casi dos décadas trabajando contra el narcotráfico; al Golfo Pérsico, España, Italia, Corea y múltiples islas del Caribe. Una vida intensa, hecha de viajes constantes, pero siempre con el corazón anclado en Quebradillas.



Juan José Medina y su esposa Rita Padín
Juan José Medina y su esposa Rita Padín

Durante esas décadas también se convirtió en padre de tres hijos y en fotógrafo submarino, donando imágenes a Recursos Naturales y documentando la Isla de Mona y sus cuevas.


El Jabalí, Y2K y la Era Dorada del Jangueo Quebradillano


El espíritu emprendedor corre en la familia Medina. Su tío —cuya presencia él describe como Dani DeVito— fue un comerciante pionero, dueño de negocios a gran escala en el pueblo. Ese mundo comercial moldeó a Juan José, quien más adelante fundaría uno de los negocios más recordados de Quebradillas: El Jabalí.

Su idea era sencilla y revolucionaria para la época: un espacio donde una mujer pudiera entrar sola con respeto y tranquilidad. Con solo tres mil dólares y su propio trabajo en construcción, creó un local que se convirtió en un punto de encuentro cultural, musical y social. Allí tocaron artistas emergentes, incluyendo lo que más tarde sería la agrupación Vivanativa.


Más tarde abrió Y2K, una discoteca y barra tropical en el edificio que hoy ocupa Q. Con billares arriba y música en vivo, era parte de una zona vibrante junto a El Jabalí y otros espacios. “El pueblo se volcaba”, recuerda. Gente de toda la periferia —hasta de San Juan— venía para disfrutar del fin de semana quebradillano.

También produjo festivales, conciertos flotantes en el lago, eventos de chiringas y actividades culturales. Su empresa Blue Boar Productions dejó huella en la vida nocturna del noroeste.


Una Historia de Sacrificio y Amor


Cuando supo que uno de sus hijos nacería con una condición médica compleja, vendió su casa y sus negocios para costear el tratamiento. La familia viajó a Minnesota para un trasplante de riñón infantil, uno de los más delicados. Juan José donó uno de sus riñones, que duró diez años; luego su esposa Rita M. Padín donó otro, que duró diecisiete. Su hijo enfrentó más de cuarenta operaciones. “La vida es así: sorpresas en el camino.”


Al regresar, Juan José empezó de cero otra vez: construcción, carpintería, cine, guardia nacional, muebles, gabinetes. Nunca dejó de trabajar.


El Declive del Pueblo y la Esperanza del Arte


Sobre el comercio quebradillano, es claro: lo que antes era un pueblo vibrante, con viernes de plaza llena, carnavales impulsados por los Rotarios, filmaciones, cine, actividades, teatro, comenzó a perderse por quejas, regulaciones, desorden y la migración de negocios hacia las afueras.


Isaac Laboy y Juan José
Isaac Laboy y Juan José

Aun así, mantiene fe en que la cultura puede revivir el corazón del pueblo.

Habla con ilusión de las nuevas generaciones, de artistas como Melo Maldonado, John Nuñez, Isaac Laboy, y del rol fundamental de apoyar, promover y dar espacios. Él mismo ha preparado portafolios para artesanos, documentado obras, regalado materiales, motivado jóvenes y ofrecido charlas en campamentos para desertores escolares.


Para él, el arte es futuro, identidad y legado.


Un Llamado a la Comunidad


Juan José es claro cuando se le pregunta qué consejo daría a quienes buscan reactivar el arte en Quebradillas:


“Siempre es bueno luchar y llevar tu idea adelante. Hay que estudiar la necesidad: ¿Qué no hay en el pueblo? ¿Cómo lo llenamos? La tecnología ayuda, pero no podemos olvidar lo tradicional.”


Sueña con un teatro activo, con agendas culturales consistentes, con artesanos enseñando, con un jueves de galería como en otros municipios, con producciones que llenen el escenario del Liberty, un espacio que, a su juicio, se está muriendo por falta de uso.


“Hay que motivar a los jóvenes. Todo se puede hacer. Hay que querer y ayudar a quien quiere hacer.”


Un Quebradillano de Pura Cepa


Entre historias de teatros olvidados, carnavales legendarios, comerciantes visionarios, festivales, fotografía, viaje militar, artesanía, música, sacrificios familiares y una vida entera de servicio, Juan José Medina Lamela se revela como lo que verdaderamente es:


Un testigo vivo de la historia de Quebradillas.


Un creador incansable.


Un trabajador sin pausa.


Un hijo del pueblo que nunca dejó su casa —aunque el mundo entero lo haya llamado.


Entrevista por: Nicole Pérez

Escrito por: Erika Santiago


Entrevista completa:



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