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Monso: un retrato de vida

  • cronicaeltesoro
  • Jun 11, 2025
  • 7 min read

Updated: Oct 1, 2025

Entre versos y décimas improvisadas, así nos narra su vida el honorable Monserrate Jiménez-Valle, mejor conocido como “Monso”. Un quebradillano de renombre, distinguido por su servicio a la comunidad de veteranos de Quebradillas y por ser un hombre completamente dado a su pueblo y a cualquiera que necesitara su ayuda. 


“En ti vi la primera luz el 27 de abril, en la apertura febril de una hermosa primavera…”



Monso, nacido el 27 de abril de 1935, es un hombre cuya vida está entrelazada con la cultura y el arte de su tierra. Desde joven, su vida estuvo marcada por las dificultades, pero también por su inquebrantable pasión por la poesía. A través de sus palabras, nos lleva en un viaje hacia su infancia en Quebradillas, donde la carencia era una constante, pero la creatividad y el amor por la vida, una fuente inagotable de resistencia.


"Bebiendo leche vivía, me crié en mi barrio Cocos. No había bombillas ni focos, zapatos yo no tenía. Me crió la abuela mía, una vieja genuina. Había un palito de china, una hermosa enredadera…”




En sus recuerdos, se vislumbra la lucha por sobrevivir en un entorno de pobreza, pero también la alegría de vivir, marcada por los simples detalles de su hogar.


"Tengo todo en la mente mía y cuando me vaya me lo llevo, porque verdaderamente así es la vida…"



La nostalgia y el amor por su tierra se reflejan en cada palabra que Monso pronuncia. Su poesía es un tributo a las personas y momentos que lo han acompañado a lo largo de su vida. El reconocimiento a aquellos que se fueron y que aún viven en su memoria es profundo.


"Que el Dios de la bendición con la Virgen poderosa derrame su bendición, doquiera que haya una fosa, donde están mis seres amados a través del blanco manto, de este hermoso campo santo, donde fueron sepultados…" 



Para Monso, la muerte no es un final, sino una transición que deja huellas imborrables en el alma de quienes permanecen. Su poesía también refleja una conexión con sus raíces, con su familia y con la gente que lo rodea.

A lo largo de la entrevista, Monso recuerda sus días siendo parte activa en su comunidad. Su experiencia en el campo y su participación en programas de radio lo convierten en un hombre que nunca dejó de sentirse parte de su pueblo. Con una humildad característica, nos relata su historia y comparte anécdotas de su juventud.


Su amor por la poesía, sin embargo, siempre fue más fuerte. Los versos que recitaba no solo reflejan su entorno, sino también sus sentimientos más profundos sobre la vida, la muerte, el amor y el paso del tiempo. Monso ha visto a muchos de sus amigos partir, pero el legado de cada uno de ellos se preserva en sus palabras.


Es imposible no notar el respeto y la admiración que Monso tiene por aquellos que lo precedieron. En su voz, se percibe un sentimiento de fraternidad y un lazo con los trovadores y poetas que dejaron huella en su tierra. A lo largo de su vida, él también se ha convertido en uno de esos poetas que guardan la esencia de su pueblo en versos.


La poesía de Monso se caracteriza por su espontaneidad. Él mismo reconoce la importancia de preservar su obra, pero también hacerlo de una manera que no se reduzca a la venta o al mercado.


"Yo no quiero dejar un libro para que lo que Papa Dios me dio muy especial se venda por dinero en Puerto Rico."



Monso se siente orgulloso de su legado, pero humilde a la vez ante la importancia de compartir su voz sin comercializar. No buscó fama ni dinero, solo que su poesía sea conocida por aquellos que aprecian la riqueza cultural de su tierra y la profundidad de su experiencia. En cada verso, Monso muestra la belleza de su vida, la lucha constante por mantenerse firme y la profunda conexión con su gente y su historia.


La vida de este hombre se define por el servicio y la resiliencia, cualidades que ha mostrado desde sus primeros años, hasta su rol como veterano y colaborador incansable en su comunidad. Su recorrido ha sido marcado por momentos difíciles, pero también por gestos de humanidad que dejan huella. 



A lo largo de su carrera militar, se vio involucrado en muchas situaciones complejas, como el trágico destino de muchos de sus compañeros. De hecho, incluso estuvo presente en un período oscuro, cuando las tropas americanas recibían su apoyo. En sus palabras:


"Tengo en la isla mucho veterano que me conoce, porque yo estaba a cargo de las tropas que llegaban de Estados Unidos para reemplazar a los que me mataban en Vietnam."



En sus años posteriores, su servicio continuó en la vida civil, ayudando no solo en el ámbito de salud, sino también en los trámites relacionados con los veteranos, en especial con aquellos que necesitaban asistencia para conseguir sus derechos. Con una vida tan llena de historias, también tocó su infancia en el barrio Cocos de Quebradillas, un lugar que marcaría para siempre su identidad. La influencia de su abuela y la pobreza que vivió fue la motivación principal para unirse al ejército. 


"Cuando me encontré en cuarto año, ya en el mes de abril para recoger el diploma, tuve que meterme al ejército, porque en casa lo que había era un palo de pana."



Con una gran determinación, pasó a servir en el ejército, viajando a varios países, desde Fort Hood en Texas hasta Alemania, pasando por Inglaterra y Fort Dix, en New Jersey. En su relato, expresa cómo las circunstancias de su vida lo llevaron a formar una familia, casándose con Gloria, quien sería su compañera en todas las batallas.


"Decidí casarme con Gloria Mercados Jiménez, mi santa esposa y una mujer que ha luchado que se acabó."



La guerra de Vietnam lo marcó y fue un punto de inflexión en su vida. En 1970, sufrió las consecuencias de un mortero que cayó cerca de su posición, un evento que lo dejó con secuelas físicas y emocionales, pero también con una nueva perspectiva. En ese tiempo de recuperación, conoció a Rafael Pérez Santalí, su amigo y compañero, quien sería otra pieza clave en su historia:


"Y cuando vine a Quebradillas, conocí a mi gran amigo Rafael Pérez Santalí. Rafael me aceptó…"


A pesar de no ser comerciante, su enfoque estuvo en ayudar a los demás. En su comunidad, hizo un gran esfuerzo por colaborar en proyectos con su amigo Rafaelito, un líder que destacó por su generosidad.


"Rafaelito cómo te recuerdo, cómo oro por ti porque verdaderamente tú fuiste tú, Rafaelito me ayudaste, Rafaelito te ayudé, Rafaelito aquí estoy después que tú te fuiste..."



En las palabras de Monso, su madre aparece como una figura profundamente espiritual y amorosa, el verdadero centro de su hogar. Era una mujer de fe inquebrantable: iba a la iglesia todos los días, rezaba el rosario sin falta y le enseñó a su hijo no sólo la religión, sino también el cariño y el amor desde la raíz. En una casa marcada por la necesidad, fue ella quien mantuvo la dignidad encendida.


“Al palo de pana yo le pedía la bendición todos los días…”



Mientras su padre no supo manejar el negocio, ella sostuvo la familia con lo poco que llegaba, incluso con un simple palo de pana —al que Monso pedía la bendición, porque era símbolo de sustento, de resistencia y de vida. Es un recuerdo que combina ternura y humildad, y que deja ver cuánto significaba para él todo lo que su madre hizo en silencio.


Cuando llegó el momento, Monso no dudó en entrar al ejército. No fue una decisión fácil, pero sí necesaria. Lo hizo por amor: para ayudar a su familia, para asegurarle una pensión a su madre, para devolver un poco de lo mucho que ella había dado.  Esa elección temprana revela una admiración profunda, un compromiso nacido del ejemplo y la fuerza que su madre sembró en él desde niño.


Una de las historias más conmovedoras que compartió fue sobre la muerte de su madre, un evento que lo impactó profundamente. Su forma de recordar a su madre se expresa en una décima que tiene la intención de transmitir todo el amor que ella le dio:


"Madre el divino tesoro, que dio los mortales por los bienes gananciales del amor y del decoro, esa es la fuente de oro que le das al nacer y la única mujer que sabe amar y que sabe perdonar al fruto de su querer. Es madre la que derrama lágrimas del corazón al ver a un hijo en prisión, o agonizando en la cama, madre es la que no difama un hijo ni lo tortura, madre candorosa y pura, corazón que siente y calla, qué dolor que se nos vaya un día a la sepultura…"  



Estas palabras no solo reflejan la profunda admiración que siente por su madre, sino también el legado de amor y sacrificio que ella dejó en él. Reconoce en ella a todas las madres, resilientes, sacrificadas, entregadas a sus hijos. Guiadas por la caracterización más pura del amor: la de haber traído vida a este mundo. 


"Los seres queridos son los que al partir destrozan tu corazón, tu corazón los alberga por muchos años."



Al finalizar su relato, compartió una reflexión sobre la importancia de tratar al prójimo con respeto y amor, dejando claro que la clave de la vida está en cuidar a los demás, como a uno mismo:


"Lo más importante de un ser humano es tratar al prójimo como a ti mismo. No hay dos necesidades más grandes que Papá Dios y su alarde de ese amar al prójimo..."



Este hombre ha sido testigo de muchas tragedias, pero igual de gestos de amor y compasión que han dejado una marca en su vida y en la vida de quienes lo rodean. Sus recuerdos, sus historias y su sabiduría son un legado invaluable que continuará inspirando a futuras generaciones. 


Se despide Monso, pero no sin antes dejarnos unas palabras de consejo para las generaciones en porvenir:


“Señores míos, nuevas generaciones, únanse, pónganse de acuerdo con el bienestar de los pueblos, ayuden a los que están ayudando… verdaderamente ustedes son los dueños de lo que yo dejé…”



Entrevista: Nicole Pérez

Redacción: Erika Santiago


Entrevista Completa: Nicwest Podcast



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