Resaltando educadores que han impactado la comunidad de Quebradillas
- cronicaeltesoro
- Nov 22
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Updated: 2 days ago
Escuela Ramón Emeterio Betances
Rafael Abreu - 25 años formando músicos quebradillanos

Desde joven, la música comenzó a ocupar un espacio profundo en la vida de Rafael Abreu. Aunque de niño soñaba con ser bombero, fue a los 15 años cuando descubrió que practicar su instrumento lo llenaba de una felicidad distinta. Ese impulso lo llevó a estudiar música y, eventualmente, a convertirla en su profesión. Su formación comenzó a los 12 años en la Banda Escolar de Isabela y creció a través de experiencias que marcaron su camino: tocar plenas navideñas en asilos, formar parte de la Banda Estatal Juvenil y unirse a distintas orquestas de merengue. En 1998 llegó a la Escuela Ramón E. Betances, donde asumió la dirección de la Banda Escolar y ha permanecido desde entonces.
Su trayectoria no ha estado exenta de retos. Ha enfrentado la falta de espacios adecuados, instrumentos y materiales, así como la ausencia de un apoyo sólido del Departamento de Educación hacia las Bellas Artes. Aun así, ha superado cada obstáculo, muchas veces invirtiendo su propio salario para garantizar que sus estudiantes tengan lo necesario.
Los logros han sido igual de significativos. Por más de 25 años ha logrado sostener el Concierto de Primavera, un evento donde todos sus estudiantes participan. Pero su mayor satisfacción sigue siendo ver a un niño que comienza desde cero y escucharlo tocar en su primer concierto. Además, ha dirigido grupos capaces de interpretar cualquier estilo musical y representar a Quebradillas con orgullo en toda la Isla.
Para él, trabajar en Quebradillas ha sido una bendición. Se siente parte de una comunidad cálida, colaboradora y profesional. Ser parte de la formación de tantas generaciones quebradillanas es un privilegio que atesora como uno de los mayores honores de su vida.
Geraldine - Educadora desde la raíz

Desde pequeña, su vocación nació entre muñecas convertidas en estudiantes y una madre que fue su mayor ejemplo como maestra y directora. Con un linaje familiar lleno de educadores, escogió la educación especial movida por su empatía y su deseo de dar apoyo individualizado a cada niño. Durante su práctica universitaria descubrió su verdadera pasión y desde entonces ha dedicado 23 años, todos en la Escuela Ramón E. Betances, a trabajar con estudiantes con diversas necesidades, primero en salones a tiempo completo y luego en recursos y team teaching.
Entre sus mayores retos menciona la falta de materiales, el poco apoyo institucional y, en sus primeros años, el proceso de integrar a sus estudiantes al salón regular. Aun así, los maestros “hacen de tripas corazones”, y ella siempre ha puesto de sí misma para suplir meriendas, materiales, ropa o cualquier cosa que un niño necesite para sentirse cuidado y apoyado.
Sus logros más significativos no vienen en forma de premios, sino de progreso: un niño que pasa una prueba gracias a su apoyo, un estudiante que se atreve a participar en un talent show, o aquel que encuentra la seguridad para lograr algo que antes le daba miedo. Verlos crecer, evolucionar y convertirse en adultos funcionales dentro de una sociedad competitiva es, para ella, el mayor orgullo.
Ser parte de Quebradillas y haber educado a generaciones completas la llena de un profundo sentido de pertenencia. Quiere ser alivio, no carga; alegría, no preocupación. Cree firmemente que un ambiente amoroso y seguro transforma vidas, y su mayor misión es que cada niño que atiende pueda sentirse importante, feliz y acompañado. Con 23 años de servicio y el corazón lleno, espera seguir siendo un rayo de luz para sus estudiantes.
Escuela Superior Juan Alejo Arizmendi
Mayra Valentín - Entre letras y el arte de enseñar
Desde niña tuvo claro que quería ser maestra. Aunque algunos le aconsejaban buscar otra profesión, su mamá siempre supo que tenía la vocación: era la niña que cargaba carteras llenas de lápices, papeles y libretas, como si hubiera podido presagiar lo que un día sería su carrera y pasión. No viene de una familia de maestros, pero la “vena educativa” apareció sola, firme, y se convirtió en una decisión que nunca ha lamentado. Con 27 años de experiencia en el Departamento de Educación, y dos décadas en la Escuela Juan Alejo de Arizmendi, afirma con convicción que volvería a escoger la misma carrera.
Fomentar la lectura ha sido uno de sus mayores retos. Los estudiantes dicen que “no les gusta leer”, pero ella insiste en que sí les interesa; simplemente no siempre conectan con los textos asignados. Por eso dedica tiempo a buscar material relevante y actual, y a adaptarlo a la realidad de cada grupo. También ha enfrentado el reto de enseñar redacción en tiempos de abreviaciones, celulares e inteligencia artificial, guiando a los estudiantes a pensar, analizar y utilizar la tecnología como herramienta, no como sustituto.
Entre sus logros se encuentran estudiantes que han ganado concursos de oratoria, llegado a finales nacionales o representado dignamente a la escuela en distintos programas. Para ella, sin embargo, los triunfos más valiosos ocurren en el salón: un estudiante con diversidad funcional que logra redactar, uno que mejora su ortografía con el tiempo o aquel que descubre que es más que una letra en una libreta.
Hoy se siente satisfecha y agradecida. Quebradillas la ha acogido como una de los suyos, y sus estudiantes, pasados y presentes, le han permitido cumplir el sueño que tuvo desde pequeña: ser maestra, enseñar con propósito y transformar vidas con paciencia, conocimiento y dedicación.
Ada Hernández - Formando mentes, forjando confianza

Ada Myriam Hernández llegó a la docencia casi por accidente. Al solicitar a la universidad, su padre, maestro retirado, le recomendó entrar por Educación “mientras decidía”. Comenzó como maestra de ciencias, pero las clases no la convencían. Al descubrir lo bien que le iba en los cursos de historia, cambió de concentración y encontró su vocación. Veinticuatro años después, todos ellos en la misma escuela, sigue firme en ese camino.
Su mayor reto ha sido adaptarse a los cambios generacionales y a la falta de interés académico que observa en los estudiantes actuales. Aun así, mantiene una relación cercana con ellos: los escucha, los orienta, los corrige cuando es necesario y procura que su salón sea un espacio donde se pueda hablar, desahogarse y sentirse seguro. Durante la pandemia enfrentó un desafío adicional: la tecnología. Sin saber usar Teams ni las plataformas digitales, dependió del apoyo de estudiantes para publicar contenido y mantener su curso en pie.
Yolanda Cruz Vega - Reviviendo la historia en el aula

La vocación de la profesora Yolanda Cruz Vega, maestra de historia, no nació en un aula universitaria, sino en la inspiración profunda que le dejó su maestra Calixta Vélez, quién enseñaba la misma materia. Su experiencia en la clase creó en ella la pasión por esta materia y la llevó a descubrir un camino que hoy suma casi tres décadas de enseñanza, de las cuales más de 25 años han transcurrido en la Escuela Juana Alejo de Arizmendi en Quebradillas.
Su mayor reto, confiesa, ha sido adaptarse a las nuevas generaciones. Y no lo dice con pesar, sino con claridad: la juventud cambia, los intereses cambian, y para educar hay que entender ese movimiento. Desde melodías de Andrea Bocelli hasta las letras de Bad Bunny, Yolanda reconoce que la música, y la cultura en general, se convierte en un puente poderoso para conectar con sus estudiantes y mantener la clase viva, relevante y humana.
Para Yolanda, su mayor recompensa como educadora no está en las notas ni en los currículos. Lo más valioso para ella es encontrarse con un exalumno en la calle, en un hospital o en una universidad, y que la reconozca, que la abrace, que le cuente cómo le va. Saber que su labor dejó una huella, que fue parte del desarrollo de un joven quebradillano, ese es para Yolanda el verdadero sentido de su carrera.
Ser maestra, para ella, es un privilegio: ver a tantos de sus estudiantes convertirse en profesionales, padres y madres, ciudadanos que aportan a su comunidad, y reconocer, con humildad y orgullo, que algo de su historia comenzó dentro de su salón.
Escuela Superior Manuel Ramos Hernández
Rosey Ortiz Jiménez - Tres décadas enseñando historia, comunidad y humanidad

Desde 1998, la maestra Rosey Ortiz Jiménez ha dedicado su vida a la enseñanza de los estudios sociales, con 28 años de servicio, 27 de ellos en la Escuela Superior Manuel Ramos Hernández, y una sólida preparación académica que incluye una maestría en Currículo de Historia y 45 créditos doctorales en Historia de Puerto Rico y el Caribe.
Su vocación nació temprano. De niña jugaba a ser maestra, imitando a su padre y creando un pequeño salón improvisado para enseñarle a sus primos. Ya en séptimo grado, inspirada por la pasión de su maestro Mr. Vélez, comprendió que enseñar era su camino. Esa certeza se reafirmó años más tarde con las clases de Historia de Puerto Rico de Mr. Hernández en escuela superior.
A lo largo de su carrera, Rosey ha acumulado logros que trascienden el salón de clases. Como consejera de la Cooperativa Juvenil Escolar El Guajataca, llevó a sus estudiantes a alcanzar reconocimientos notables: talleres a nivel isla, actividades comunitarias y menciones en el libro oficial de Cooperativismo del Departamento de Educación. Su labor convirtió la cooperativa en modelo para toda la región norte.
Además, como coordinadora del Club de las Naciones Unidas de su escuela, ha impulsado un proyecto que se ha destacado entre todos los clubes similares de Puerto Rico. Actividades como el Festival de las Naciones Unidas, “Uniendo Generaciones” y las iniciativas de apoyo a Huellitas Pirata han fomentado valores de diversidad, empatía, convivencia intergeneracional y responsabilidad social. Bajo su liderato, el club fue reconocido como el mejor del país durante dos años consecutivos.
Su compromiso no ha pasado desapercibido: ha sido seleccionada en dos ocasiones como Maestra de Excelencia y fue reconocida recientemente por el Departamento de Educación por sus aportaciones al Programa de Estudios Sociales.
Para Rosey, formar parte del desarrollo de generaciones de quebradillanos es un honor profundo. Ver a sus estudiantes convertirse en profesionales y ciudadanos conscientes reafirma su propósito. Entre los retos más grandes que identifica se encuentra el rápido avance tecnológico, especialmente la inteligencia artificial, que exige orientar a los jóvenes para que desarrollen pensamiento crítico en lugar de depender ciegamente de herramientas digitales.
La trayectoria de Rosey Ortiz Jiménez es testimonio de una educadora que no solo enseña historia: la construye cada día junto a sus estudiantes.
Dra. Gloria M. Ruiz Ramos - Vocación y 31 Años de Servicio
Desde pequeña, enseñar fue más que un interés: fue una vocación natural. Le daba clases a sus primos, a sus hermanos y hasta a sus muñecas, sin saber que ese instinto se convertiría en una carrera de 31 años en el Departamento de Educación.
En todo ese tiempo, ha enfrentado retos constantes, especialmente los cambios dentro y fuera del sistema educativo. Mantenerse al día, estudiar y prepararse continuamente para ir a la par con las exigencias de la era moderna ha sido un desafío que asume con responsabilidad.
Pero las recompensas han sido aún más grandes. Lo más gratificante para ella es saber que enseñó de verdad. Sus estudiantes, con los años, la reconocen con admiración y respeto; muchos regresan para pedirle que también eduque a sus hijos o familiares, y otros la atienden como profesionales formados bajo su guía. Es en esos momentos donde confirma que su labor trascendió el salón de clases.
Ser reconocida como maestra, sentir que ha aportado al crecimiento de tantos seres humanos y ayudado a formar ciudadanos de bien, eso, asegura, le reconforta el alma y le recuerda por qué eligió esta vocación desde niña.
Escuela Honorio Hernández
Elda Rosario Reverón - Donde un día fue estudiante, hoy forma generaciones

La señora Elda Rosario Reverón siempre supo que quería ser maestra, aunque su camino no fue lineal. Durante su primer año universitario, en medio de la confusión sobre su futuro, una anécdota inesperada marcó su destino: un profesor confesó ser “un médico frustrado, pero un maestro feliz”. Aquellas palabras le dieron la claridad que llevaba tiempo pidiendo. Un inventario vocacional luego confirmó lo que ya intuía: su vocación estaba entre el trabajo social y el magisterio. Eligió enseñar, sin mirar atrás.
Hoy acumula casi 30 años como educadora, 24 en la misma escuela donde estudió de kínder a noveno grado, la Escuela Honorio Hernandez Quijano. Para ella, regresar a estas aulas fue una forma de devolverle a su comunidad lo que un día recibió. Cada estudiante refleja, de alguna manera, la niña que un día fue.
Su profesión ha estado llena de retos: la falta de recursos, las diferencias individuales de aprendizaje y las realidades que cada estudiante trae consigo. Aun así, nunca ha permitido que las dificultades limiten su labor; busca soluciones, se prepara y llega al salón lista para dar lo mejor de sí.
Sus logros más grandes están en los encuentros inesperados por el pueblo: exalumnos que hoy son profesionales, comerciantes, madres y padres que ahora traen a sus propios hijos a sus manos. Está en los consejos que ellos aún recuerdan, en la confianza con la que la buscan, en las vidas que ha tocado para bien.
Ser parte del desarrollo de Quebradillas es, para ella, un honor profundo. No solo porque ve a sus estudiantes crecer, sino porque los ve convertirse en buenos ciudadanos, algo que valora incluso más que los éxitos académicos. “Cuando uno toca vidas para bien, dice, esa es la satisfacción más grande”.
Vivian Correa Borrero - La fórmula del aprendizaje y del éxito
La profesora Vivian Correa Borrero descubrió su pasión por las matemáticas desde que era estudiante. Siempre supo que, si algún día se convertía en maestra, sería para enseñar esta materia que tanto disfrutaba. Hoy suma 26 años en el Departamento de Educación y 20 de ellos en la misma escuela, donde ha guiado a generaciones enteras.
Uno de sus mayores retos ha sido adaptarse a los constantes cambios curriculares, especialmente aquel ajuste drástico de hace más de una década, cuando contenidos de décimo grado pasaron a enseñarse en octavo. También ha enfrentado las diferencias entre generaciones de estudiantes, cuyas motivaciones y actitudes hacia el aprendizaje han cambiado con el tiempo. Entre ellas, señala, la indiferencia al valor de adquirir conocimiento.
Aun así, siempre ha encontrado satisfacción en quienes desean aprender, en los que compiten en olimpiadas matemáticas y en quienes desarrollan un amor genuino por la materia. Su mayor orgullo es ver a exalumnos que hoy son profesionales, incluso algunos con doctorados, y saber que ella fue parte de su camino.
Para Vivian, aportar al desarrollo de tantas mentes, desde quienes estudian carreras cortas hasta quienes se destacan internacionalmente, es una recompensa profunda. Cada encuentro casual, cada recuerdo de un estudiante agradecido, le confirma que su labor ha marcado vidas.
Escuela Luis Muñoz Rivera
Heidi Hernández - Sembrando futuro a través de la educación elemental

La maestra Heidi Hernández descubrió su vocación desde joven, cuando disfrutaba enseñar, cuidar y compartir con los niños. Esa inclinación natural la llevó a escoger el magisterio como profesión, un camino que ha recorrido durante 25 años en el nivel elemental, trabajando en varias escuelas de Quebradillas. Su lugar favorito, y el que ocupa actualmente, es Kindergarten, donde siente que puede sembrar las bases más importantes.
Su labor no ha estado exenta de retos. En el salón se enfrenta a estudiantes con necesidades emocionales, psicológicas y conductuales que exigen amor, paciencia y un compromiso constante. Aun así, Heidi encuentra motivación en cada progreso que observa.
Entre sus mayores satisfacciones están los cambios significativos que ve en sus estudiantes: que aprendan, que crezcan como personas, que sientan orgullo por su país y desarrollen respeto por la naturaleza. Para ella, educar va mucho más allá de los contenidos académicos: es formar seres humanos completos.
Ser parte del desarrollo de su pueblo es un orgullo profundo, y no hay gesto más valioso que encontrarse con un exalumno y recibir un saludo lleno de cariño. Es en esos momentos cuando confirma que su trabajo ha marcado vidas positivamente.
Escuela Dr. Pedro Albizu Campos
Zulma Nieves - Si volviera a nacer, volvería a ser maestra

Zulma Nieves descubrió su verdadera vocación en el camino. Aunque comenzó la universidad con la intención de estudiar medicina, fue el deseo profundo de impactar vidas lo que la llevó al magisterio. Para ella, ser maestra significa mucho más que impartir clases: es acompañar a jóvenes con diversas realidades familiares, emocionales y comunitarias; enseñarles su valor, orientarlos hacia el amor propio, el servicio y el respeto.
Durante 30 años de trayectoria, Zulma ha sido mucho más que una educadora: ha sido guía, apoyo y presencia constante en la vida de sus estudiantes. Su mayor satisfacción son los abrazos, los “gracias por escucharme”, y las sonrisas que se reencuentran con ella años después. Ese cariño genuino confirma que logró su misión: impactar vidas.
Su carrera también estuvo llena de retos, desde enfrentar las fallas del sistema educativo hasta acompañar estudiantes con situaciones de salud y familiares complejas. Uno de los desafíos más profundos que vivió fue trabajar con una niña con una condición severa, a quien logró regalarle calidad de vida y sonrisas dentro de la escuela, incluso hasta su fallecimiento. Esos momentos marcaron en ella un compromiso aún más grande con su labor.
Además de su impacto en el salón, Zulma ha dejado huella cultural. Para su maestría destacó el valor histórico del Teatro Liberty, y su trabajo comunitario le valió ser homenajeada en uno de los carnavales de Quebradillas. Su amor patrio y su orgullo quebradillano siempre los transmitió con pasión a estudiantes, padres y abuelos.
Si volviera a nacer, dice, volvería a ser maestra. Y es que donde quiera que esté, Zulma Nieves sigue siendo “Mrs. Nieves”: un ejemplo de vocación, amor y servicio a su pueblo quebradillano.
Edwin Pérez Rodriguez - el arte de crear y enseñar

Edwin descubrió su vocación desde niño, cuando pasaba horas dibujando y creando proyectos en madera. Esa pasión lo llevó a convertirse en maestro de Artes Industriales, profesión a la que ha dedicado 30 años. En ese tiempo ha visto a muchos de sus estudiantes desarrollarse en oficios y carreras que nacieron en su salón de clases.
Su mayor reto ha sido mantener los recursos y equipos en condiciones seguras, además de enseñar con paciencia y disciplina para que cada estudiante logre avanzar a su propio ritmo. Aun así, nada se compara con la satisfacción de verlos completar un proyecto con orgullo o recibir la visita de exalumnos agradecidos por lo que aprendieron con él.
Para Edwin, formar parte del desarrollo de la comunidad quebradillana es un honor inmenso. Saber que sembró una semilla en cada estudiante es lo que lo impulsa a seguir enseñando.
Sumamente agradecidas con cada uno de los maestros que se tomaron el tiempo de ser parte de esta iniciativa.
Entrevistas: Nicole Pérez y Erika Santiago
Escrito: Erika Santiago



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