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María del Rosario y sus hermanas: reflejos de la mente femenina y sus fragmentos

  • cronicaeltesoro
  • 4 hours ago
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(Manatí, Puerto Rico) María del Rosario y sus Hermanas, del dramaturgo puertorriqueño Carlos Canales Cintrón, con la magistral dirección de David Muñoz, es una obra que no solo se ve, sino que se siente, se habita y se recuerda. Lo que inicialmente fue un monólogo íntimo sobre la madre del autor, paciente de salud mental, se transforma en un caleidoscopio de voces, de memorias y de fragmentos de una mente que lucha por existir en un mundo que no la comprende.


María se sienta en el centro del escenario, quieta, pero viva. Sus fragmentos, actrices que encarnan las partes más profundas y a veces oscuras de su psique, emergen a su alrededor: la que se cree diosa en otros tiempos, la que siente lujuria, la que predice profecías, la que llora y se enoja, la que abraza a los demás mientras ella misma se pierde. Y María mueve la boca mientras las otras hablan, un gesto mínimo que dice más que mil palabras: esto soy yo, esto es parte de mí, pero no puedo controlarlo, solo puedo observarlo.


La historia de María dentro del manicomio es a la vez brutal y luminosa. Allí, entre mujeres estigmatizadas, encuentra la capacidad de ayudar, de sanar a otras pacientes. Incluso con su enfermedad, incluso con su mente fragmentada, María no pierde la humanidad. Enseña, cuida, ama, predica, se equivoca, llora. Y cuando llega la terapia de electroshock, cuando el dolor y el miedo parecen infinitos, todas sus partes fragmentadas la abrazan, lloran con ella y la sostienen. Es un momento devastador y, al mismo tiempo, de una ternura imposible: incluso aquello que nos descompone puede ser nuestro sostén.


Y entonces ocurre el dance breakdown: una explosión inesperada, mientras suena Staying Alive de los Bee Gees. Un instante que nos arranca de la tragedia para mostrarnos la lucha por la supervivencia. María disocia, su mente busca respiro, y nos recuerda que incluso en los momentos más oscuros, la vida encuentra maneras de mantenerse, de bailar, de resistir. Ese contraste, entre llanto y baile, entre horror y humor, es un reflejo brutalmente real de lo que significa existir con un trastorno mental en un mundo que no valida tu dolor.


La obra es también un espejo social: muestra cómo, históricamente, la histeria femenina se trataba con internamientos y electroshock, cómo la falta de comprensión y los prejuicios condenaban a mujeres como María a la incomprensión y al aislamiento. Pero María no es víctima ni monstruo; es una mujer que intentó hacer el bien, que ama y que sobrevive, y su historia nos enseña que la bondad y la enfermedad pueden coexistir, que la fuerza humana muchas veces se esconde en lo más frágil.


Es difícil imaginar lo que mujeres como María tuvieron que vivir en épocas donde la enfermedad mental femenina se juzgaba, se castigaba y se escondía tanto. Y aun hoy, con más recursos y comprensión, es imposible no reconocerse en ella: en esa mujer que quiere ayudar, que quiere amar, que intenta existir de manera íntegra, pero que se pierde entre los pliegues de su propia mente.


La obra nos deja pensando en lo que significa existir en un mundo que todavía exige perfección y control sobre la vida emocional y mental, un mundo que no siempre comprende ni acompaña a quienes más lo necesitan. Nos invita a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado en apoyo psicológico y empatía para las mujeres, y al mismo tiempo nos recuerda que el camino aún es largo, que muchas siguen buscando sostén, validación y comprensión. 


Es un viaje al corazón fragmentado de una mujer, un llamado a la empatía, una celebración de la resiliencia y una bofetada al estigma. Es dolor y risa, horror y ternura, muerte y vida. Es una obra que te sacude y te acompaña después de que se apagan las luces. 


María nos muestra, con sus fragmentos y sus contradicciones, que la existencia misma puede ser un acto de resistencia y que la humanidad se encuentra tanto en la fragilidad como en la fuerza.


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¡Gracias a Marla Enid por la invitación!


Escrito por: Erika Santiago


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