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Fabian Detrés: La buena fortuna

  • cronicaeltesoro
  • Jun 21, 2025
  • 8 min read

Updated: Oct 7, 2025


Fabian Detrés frente la obra "Suerte y Fortuna".
Fabian Detrés frente la obra "Suerte y Fortuna".

Fabián Detrés es un artista plástico puertorriqueño, originario del Pueblo de Maricao, cuya carrera se ha desarrollado a lo largo de más de dos décadas en diversas ramas del arte visual. Desde su ingreso en 1996 a la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico, donde se graduó en 2001 con una especialización en pintura, ha trabajado en pintura, fotografía, artes gráficas, instalación, y ha explorado diversas técnicas y medios para expresar su visión artística. Su obra abarca una gran variedad de enfoques, pero siempre con un vínculo profundo con sus raíces y experiencias personales, especialmente las que vivió tras el paso del huracán María.


“La buena fortuna”


Uno de los temas más significativos de la obra de Fabián es la reflexión sobre la migración, un proceso personal y colectivo que se intensificó tras el huracán María. Su serie La buena fortuna está inspirada en ese período de su vida y la de sus seres cercanos, durante el cual muchos tuvieron que emigrar a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro. El título de la serie, La buena fortuna, tiene una carga irónica y sarcástica. Fabián explica que antes creía que para lograr algo en la vida había que esperar que la suerte llegara, pero tras sus experiencias, comprendió que uno debe actuar para que la fortuna sonría.


La Marcha de los Jíbaros


Una de las primeras obras en la exposición es "La Marcha de los Jíbaros", una pieza de nueve partes, realizada en papel cortado y entintado, que fusiona el arte de la gráfica con la pintura. Cada pieza cuenta con diez capas de color, cortadas a mano, sin intervención de maquinaria, lo que le da una textura única y orgánica. Inspirada en una composición de 1857, La Marcha de los Jíbaros se refiere a la migración, un tema que ha marcado la vida de Fabián, al igual que la de muchos puertorriqueños. La calavera, un elemento arquetípico que representa lo efímero y lo espiritual, se encuentra en la obra como símbolo del fracaso, en contraste con la imagen de los jíbaros, figuras que representan el movimiento, el progreso y la búsqueda de un futuro mejor. La técnica de monotipo y la codificación de las coordenadas, visibles en las piezas, aluden a la experiencia de la emigración y los lugares que marcaron su vida en la diáspora.


En Verdes Pastos


En la serie En Verdes Pastos, Fabián aborda el concepto de la esperanza y la recompensa tras la lucha, inspirado por el Salmo 23 de la Biblia. A través de dos piezas en acrílico y tinta serigráfica, se refiere a la búsqueda de un futuro mejor, un tema que también resuena con el proceso migratorio de muchas familias. Con el uso de elementos vegetales y símbolos de la naturaleza, Fabián busca transmitir la sensación de descanso y de un bienestar alcanzado después de la adversidad. Estas obras, aunque sencillas en su apariencia, son profundas en su mensaje, aludiendo al descanso que la vida promete tras la lucha constante.


Suerte y Fortuna


La pieza Suerte y Fortuna es una instalación que utiliza cajas de luz originales de un teatro en el norte de Puerto Rico. Con colores monocromáticos que se complementan, esta obra habla de la dualidad entre la suerte y la fortuna, conceptos que Fabián interpreta de manera profundamente filosófica. Según su visión, la suerte es una energía que está esperando ser tomada, mientras que la fortuna es el resultado de la intervención humana. Esta obra pone en evidencia las imperfecciones de la vida, reflejando que siempre hay algo incompleto, pero también un continuo intento por completar ese ciclo. Como en una obra de teatro, donde la vida toma forma a veces trágica y a veces cómica, la instalación se convierte en una metáfora visual de la vida misma.


Terminal


En Terminal, una serie de seis pinturas pequeñas, Fabián explora la noción de un "calentamiento" antes de sumergirse en la seriedad de una serie más grande. Sin embargo, lo que comenzó como un ejercicio informal, se transformó en una obra significativa. Las piezas se titulan Popcorn y Those City Walls, aludiendo a la industria petrolera en la que Fabián trabajó durante su emigración a los Estados Unidos. En una revelación de su subconsciente, Fabián reconoció que las imágenes que estaba creando se asemejan a los mapas de terminales de combustible, lo que añadió una nueva capa de significado a su trabajo. Esta serie, más que una introducción “juguetona”, se convirtió en un testimonio de las experiencias que marcó el trabajo pesado y las difíciles condiciones que enfrentó en su vida laboral.


Pasadena y Bolívar Penínsulas



Pasadena y Bolívar Penínsulas son dos piezas que reflejan la relación de Fabián con las terminales de combustible en Houston, Texas, donde trabajó en su migración. Estas piezas, elaboradas en medio mixto sobre papel cortado, presentan coordenadas geográficas que indican los lugares exactos donde Fabián estuvo trabajando. A través de estos mapas visuales, las obras no solo se refieren a la industria petrolera, sino también a la huella dejada por los huracanes que arrasan con todo a su paso. Fabián utiliza estos puntos geográficos para señalar momentos y lugares de su vida, cada coordenada marcando un cambio, un aprendizaje y, sobre todo, una lección de supervivencia.


4.645


Finalmente, la serie 4.645 es un homenaje a las víctimas del huracán María. Fabián utiliza acrílicos y tintas serigráficas sobre tela para crear piezas de pequeño formato, explorando el collage y el ensamblaje de elementos visuales que antes le resultaban incómodos. A través de estos trabajos, Fabián busca no solo rendir homenaje a los fallecidos, sino también abordar su propio proceso de transformación como artista. El título 4.645 hace referencia a los muertos por el huracán, pero también simboliza el inicio de una nueva forma de ver la vida y el arte, en la que Fabián se atreve a explorar lo que antes le era desconocido o no deseado.


A lo largo de su carrera, Fabián Detrés ha logrado evolucionar su visión artística, siempre ligada a su contexto personal y social. Su obra explora la migración, la lucha, la identidad y la búsqueda de un futuro mejor, utilizando diversos medios que van desde la pintura hasta la instalación. La serie La buena fortuna representa el resultado de un proceso de reflexión profunda sobre la vida, el destino, y la capacidad humana para superar los obstáculos, todo ello marcado por las huellas de su experiencia en la emigración y las dificultades tras el paso del huracán María. 


A través de sus obras, Fabián Detrés no solo cuenta su historia personal, sino que nos invita a compartir sus luchas, sus victorias y sus búsquedas. En cada pieza, el arte se convierte en un medio para comprender la fortuna, la suerte y el destino, siempre con una mirada irónica y profundamente humana que desafía las expectativas y la comprensión convencional del arte contemporáneo.




INSPIRACIÓN


Fabián ha recorrido un camino que, en su constante evolución, refleja el latido de su ser artístico. A lo largo de su carrera, su obra ha sido un reflejo de esa búsqueda incansable, de un proceso de transformación. Aquellos que han seguido su trayectoria desde sus primeros pasos, no pueden evitar notar la característica fundamental de su arte: el cambio. Un cambio que, al principio, el propio Fabián interpretaba como un defecto, una inseguridad que lo empujaba a cuestionar su camino. Sin embargo, con el tiempo, ese sentimiento de fluctuación se transformó en una necesidad profunda, personal y esencial.


"Lo que pensé en un principio, durante mi estudio en artes plásticas, que era un defecto, el cambio constante, lo he entendido a lo largo de los años como algo necesario. No es una inseguridad, sino una forma de vivir mi arte", nos comparte el artista, con una reflexión que ha evolucionado tanto como su obra misma.

Este proceso de metamorfosis es visible en cada uno de sus trabajos. Para Fabián, el cambio no es solo una constante en su práctica; es la raíz misma de su identidad como creador. Sus obras, siempre en movimiento, reflejan esa búsqueda incansable de nuevas formas de expresión, siempre desafiando sus propios límites, como si la evolución fuera la única constante en su vida.

"Todo es diferente, pero todo tiene que ver con lo mismo", afirma. Es cierto, cada obra es distinta, pero todas comparten ese hilo invisible que las conecta: la necesidad de transformación. Los materiales, los medios, las formas de expresión cambian, pero la esencia permanece. Incluso dentro de la pintura, que sigue siendo la base de su carrera, Fabián experimenta y reconfigura su manera de pintar, buscando siempre un propósito más allá de la técnica.


A medida que su carrera avanza, la palabra cambio se ha convertido en su sello personal. "Fabián nunca fue el mismo. Siempre cambió, siempre se buscó mejorar, siempre quiso optimizarse". Esta constante transformación es el núcleo que da vida a su obra, y será lo que perdurará en la memoria colectiva cuando se piense en él y su legado artístico.


En el momento en que Fabián decide crear una nueva pieza, lo hace con una reflexión profunda. Cada obra surge de la necesidad de encontrar la forma más adecuada para expresar un concepto, una emoción, una idea. La duda, el eco del pasado y las inquietudes del presente se entrelazan en el proceso creativo, como un diálogo constante entre lo que fue y lo que será.


"La técnica es solo un instrumento", dice con convicción. Para él, limitarse a un estilo o a una técnica específica es una traición al propio arte, un error fatal. La evolución, la exploración de nuevas posibilidades, es lo que permite que el arte se desarrolle, se transforme y siga adelante. No hay espacio para el estancamiento en su universo creativo, donde el cambio es, por encima de todo, un acto sagrado, un camino hacia lo infinito.


PROCESO CREATIVO


El proceso creativo de Fabián es una danza entre lo mundano y lo sublime, una mezcla de sudor y destellos poéticos que desafían la visión romántica del artista como un ser atrapado en un trance creativo eterno. Muchos, al pensar en el acto de crear, imaginan ese momento de iluminación, donde la musa llega de golpe, impulsando al creador a crear sin descanso. Pero Fabián, con una mirada sabia, nos revela que la realidad de su trabajo es mucho más cotidiana y terrenal.


"Soy un hombre común", dice, con la serenidad de quien ha comprendido que la creación no siempre surge en momentos de éxtasis, sino que, muchas veces, es el fruto de una rutina diaria. Se levanta temprano, lleva a sus hijos al autobús, desayuna y se dirige a su taller, donde se entrega al arte de las 7 de la mañana hasta, a veces, las 6 de la tarde. Sin embargo, el esfuerzo no siempre tiene resultados inmediatos: "Un día de trabajo puede ser un día perdido. Puedes estar produciendo todo el día y al final no sucede nada".


Este concepto de tiempo perdido es, sin embargo, parte del proceso. "Pero los momentos suceden", nos aclara. Esos momentos donde, justo cuando se siente que todo está por terminar, la chispa de la creatividad aparece, muchas veces en los últimos cinco minutos antes de cerrar las puertas del taller. "Ahí entra la parte donde la poesía se manifiesta", dice con una sonrisa, sabiendo que la creación no siempre tiene forma predecible.


Fabián explica que, aunque su arte tiene una parte sutil, instintiva y subconsciente, la mayor parte de su proceso creativo es, en sus propias palabras, "90% sudor, transpiración y 10% creación, intuición". Esta realidad del trabajo artístico, lejos de la idealización romántica, se asienta en la perseverancia diaria, en la capacidad de persistir incluso cuando la inspiración parece esquiva.


El proceso ha evolucionado desde sus primeros días en la carrera de pintura. En sus inicios, los bloqueos eran intensos. Podía pasar meses trabajando en una sola pieza sin ver un avance real. "El bloqueo en el pasado era un bloqueo intenso", dice. Pero con el tiempo, Fabián ha aprendido que el arte no debe resolver todos los problemas de la vida en una sola obra. "Para cada cosa hay su momento", dice con una sabiduría adquirida a lo largo de los años. Ahora, cuando la frustración y el agotamiento amenazan con detener su trabajo, sigue creando, sin rendirse. Y ha descubierto que resolver una cosa a la vez, en su propio ritmo, ha desbloqueado su proceso creativo.


El desbloqueo no solo ha liberado su creatividad, sino también ha acelerado su producción. "Mi tiempo de producción ha bajado. Antes, una obra podía tomarme tres meses. Ahora, puedo hacerla en un solo día". Este flujo renovado no solo es un cambio en la velocidad, sino también una reafirmación de la idea de que el tiempo y el proceso de cada obra tienen su propio ritmo, y que el arte, aunque intenso, también puede ser liberador.



Fabian Detrés con la obra Pasadena y Bolívar Penínsulas.
Fabian Detrés con la obra Pasadena y Bolívar Penínsulas.


Entrevista: Nicole Pérez

Escrito: Erika Santiago

Fotos: Carlos Abner

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