El Nido: contextualizando el hogar heredado y construido
- cronicaeltesoro
- Dec 29, 2025
- 3 min read
Fabián Detrés y Omar Ortiz
I am Art, galería de Ángel Mathieu
11 de diciembre de 2025
San Juan, Puerto Rico - Un nido no es solo una estructura. Es un entretejido. Se arma con ramas, fibras, restos; con lo que se encuentra y con lo que falta. Es refugio, pero también archivo. En El Nido o lo que está y no está, Fabián Detrés y Omar Ortiz abordan esta idea desde la memoria, la materia y la ausencia, construyendo una exposición que se mueve entre lo físico y lo emocional.
La muestra, presentada el 11 de diciembre de 2025 en el espacio I am Art, propone al nido como metáfora de lo vivido y lo no vivido, de aquello que permanece y de lo que sólo existe como recuerdo o proyección. No se trata de una visión idealizada del hogar, sino de una que reconoce la nostalgia, la fragmentación y la tensión que habita en todo espacio de cuidado.
Cerca de la entrada, encontramos un texto en la pared, escrito por Jorge Rodríguez Acevedo, titulado El Nido o Lo que está y no está, que establece este marco conceptual y poético. En él se describe al nido como un entramado de objetos y recuerdos, un espacio donde lo que está y lo que no está dialogan entre sí. Es a partir de esta premisa que Fabián Detrés y Omar Ortiz desarrollan sus obras, construyendo un recorrido entre lo visible y lo evocativo.

En la obra pictórica de Fabián Detrés, la imagen se construye como si fuera un collage, aunque formalmente se trate de pintura. Sus piezas simulan el “mixed media”: capas visibles, interrupciones gráficas, fragmentos que no buscan ocultar su ensamblaje. Entre ellas, en Oh Garza Dormida, el ave aparece suspendida entre planos dispares, delineada por un contorno azul que quiebra cualquier ilusión naturalista. La garza no descansa del todo; habita un umbral, un tránsito constante entre imágenes que parecen provenir de distintos tiempos.

Por otro lado, en Mar y Monte, se introduce el cuerpo humano como parte del paisaje, pero de manera fragmentada. El entorno tropical funciona como un nido expandido, mientras una forma geométrica cubre el rostro, anulando la identidad. La figura está presente, pero incompleta. Detrés parece sugerir que la memoria no conserva rostros con precisión, sino atmósferas, colores, sensaciones. El hogar, aquí, no es un punto fijo, sino un estado emocional.

La pieza El Nido condensa el eje conceptual de toda la exposición. Dos aves conversan —o discuten— frente a un nido de madera. Una afirma ver un huevo; la otra insiste en que hay tres. Sin embargo, dentro del nido no hay huevos: hay un perro dibujado. Esta disonancia entre lo que se dice y lo que realmente está introduce una reflexión contundente. El nido se convierte en un espacio donde las expectativas fallan, donde lo contenido no responde a la narrativa esperada. No siempre el refugio guarda promesas; a veces guarda presencias inesperadas. El hogar se redefine como lugar de adopción, cuidado y pertenencia no normativa.

Este planteamiento dialoga directamente con las esculturas de Omar Ortiz, ubicadas en el centro de la galería. Sus piezas, realizadas en acero inoxidable, madera (Caoba) y base en piedra (Recinto), se presentan como una secuencia: primero el nido, luego aves pequeñas y, finalmente, dos aves adultas que parecen observar las piezas anteriores. La disposición emula el desarrollo desde la cuna hasta la adultez, reforzando la idea de continuidad y memoria.
El uso del acero introduce una dimensión clave: el reflejo. En algunas superficies, el espectador puede verse a sí mismo, integrándose visualmente a la obra. El nido deja de ser únicamente observado y pasa a ser habitado. Ortiz propone el hogar como una construcción colectiva, donde la fuerza y la seguridad surgen de la unión y de la conciencia del otro.

En conjunto, El Nido plantea que el refugio no se construye desde la perfección, sino desde los fragmentos. Desde lo que se recuerda, lo que se imagina y lo que llega sin aviso. Entre la pintura fragmentada de Detrés y la materialidad reflexiva de Ortiz, la exposición nos invita a sentarnos bajo ese nido imperfecto y reconocernos en él.
Porque al final, todos armamos nuestro nido con lo que queda. Con lo que fue. Y con lo que, aun sin esperarlo, sigue siendo hogar.
Escrito por: Erika Santiago







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