Domingo de Popcorn: Click
- cronicaeltesoro
- 4 days ago
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Click (2006) utiliza una premisa aparentemente simple: un control remoto capaz de adelantar la vida, para plantear una de las preguntas más inquietantes que podemos hacernos: si pudiéramos saltarnos las partes incómodas o aburridas de la vida, ¿lo haríamos sin pensarlo? Michael Newman, un arquitecto consumido por el trabajo y la ambición, cree que sí. Para él, el tiempo es un obstáculo, no un regalo. Todo lo que no produce resultados inmediatos: discusiones, rutinas, enfermedades, cansancio, se vuelve prescindible.
El problema es que la vida no distingue entre lo que consideramos importante y lo que no. Al adelantar esos momentos “inútiles”, Michael también se desconecta de lo esencial: la risa espontánea de sus hijos, la paciencia de su esposa, la presencia silenciosa de su padre. Lo que él ve como ruido termina siendo el verdadero contenido de una vida. El trabajo avanza, los logros llegan, pero el alma se queda atrás.
Desde una mirada filosófica, Click nos recuerda que vivir no es optimizar el tiempo, sino habitarlo. El deseo de control, de evitar el dolor, la incomodidad o la lentitud, nos convierte en espectadores de nuestra propia existencia. Y cuando finalmente levantamos la mirada, lo que duele no es lo que sufrimos, sino lo que no estuvimos presentes para vivir.
Entrar al año 2026 con esta reflexión se siente casi inevitable. Cada nuevo año viene cargado de metas, resoluciones y urgencias, pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué es lo que realmente permanecerá cuando todo eso pase. Al final, no recordamos correos enviados, horas extra trabajadas ni preocupaciones que parecían gigantes. Recordamos abrazos, conversaciones tardías, despedidas, reconciliaciones, risas compartidas y silencios acompañados.


Click funciona como una advertencia suave pero firme: el tiempo no se pierde solo cuando no hacemos nada, sino también cuando estamos demasiado ocupados para sentir. De cara al 2026, la película nos invita a elegir conscientemente no vivir en “fast forward”, a priorizar las conexiones humanas, la familia y los momentos que se acumulan con los años y nos acompañan hasta la vejez… y quizá más allá de ella. Porque cuando todo se detiene, lo único que nos llevamos no es lo que logramos, sino a quiénes amamos y cómo estuvimos presentes mientras aún había tiempo.



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